Al suroeste de Inglaterra, a unos 100 kilómetros de Londres, se encuentra la ciudad portuaria de Southampton. Por sus frías y lluviosas calles es recordado uno de los jugadores más prolíficos de la historia del equipo. Como le llamaban allí “Matt Le God”, fue leal a su club durante toda su carrera. El mítico estadio de The Dell presenció tardes inolvidables de la mano de este genio, que se alejaba mucho de los cánones de jugador estrella a nivel físico, pero que cuando conectaba con el balón se convertía en una auténtica delicia para todo aficionado que le viese.
Matthew Le Tissier nació en Saint Peter Port, capital de Guernsey, una pequeña isla del Canal de la Mancha. Muy pronto se dio cuenta de que su verdadera pasión era jugar al fútbol. A los diez años empezó a jugar en el mejor equipo de la ciudad. Pronto toda la ciudad vio que a Le Tissier se le quedaba pequeño ese equipo. Probó suerte en el Oxford United, pero su paso por allí no convenció y volvió a Gurnsey a terminar el colegio. Fue en ese momento, cuando le reclutó el Southampton. Llegó allí siendo un niño y se fue como el mayor referente en la historia del club.
Matt era un chico campechano, con un aspecto muy alejado a un futbolista profesional. Eso sí, cuando tenía un balón en los pies, era un fuera de serie. Desequilibraba, regateaba, se deshacía de los rivales con una facilidad impresionante, lo nunca visto. Eso le llevo a debutar con el Southampton a los dieciocho años. Fue en la temporada 86/87 y anotó una correcta cifra de seis goles en 24 partidos. La siguiente temporada fue más dura para él, ya que, a pesar de disfrutar de 19 apariciones, no consiguió transformar ningún gol.
Poco a poco Le Tissier se fue haciendo con más galones dentro del equipo. Esto se reflejo en su siguiente temporada, la 88/89. Su participación en el juego aumentó considerablemente y le llevó a anotar nueve goles. Pero sin duda lo mejor estaba por llegar. En la siguiente temporada los goles se le caían. En 35 apariciones en la Premier, la promesa y esperanza de la ciudad anotó 20 goles, con actuaciones magistrales que le sirvieron para ganar el premio de Jugador Joven del Año. Le Tissier se había consagrado como una de las mayores promesas del fútbol inglés y lo había hecho en el equipo que había confiado en él desde el principio.
Pese a la ilusión que tenía la ciudad de Southampton por un equipo de jóvenes que parecía que iba a remontar el vuelo del equipo, sucedió lo inevitable. Muchos jugadores optaron por dar un salto en su carrera y dejar atrás la ciudad sureña. Matt se mantuvo fiel, pero esa fuga de talento le obligaba a dar un paso adelante en la capacidad ofensiva de su equipo, ya que el club no gozaba de la mejor situación económica para fichar grandes referentes. Su momento más crítico fue en la temporada 92/93 (nacimiento de la Premier League), el Southampton llegó a la última jornada de liga en la decimoctava posición, que era la última antes del descenso. Muchos equipos se jugaron la permanencia ese día, pero a Matt no le tembló el pulso, marcó un hat-trick precioso y pese a ello, su equipo perdió. Por suerte para ellos, el Cristal Palace no consiguió la victoria y se mantuvieron en la categoría.
Matthew se había convertido en un auténtico dios en la ciudad. La gente deseaba ir a The Dell para apreciar el fútbol en las botas de ese hombre. La prensa y los aficionados le apodaban “Le God”, ya que era lo más cercano a un dios para sus aficionados. El cántico de “He is god, Matt le God” retumbaba cada día en el viejo estadio de “The Dell”. La temporada 93/94 fue estratosférica. Anotó 25 goles, pero lo más impresionante es que todos ellos eran como sacados de un videojuego. Anotaba desde fuera del área, de vaselina, tras regatear a medio equipo. Era un jugador que daba el salto de la calidad a un equipo y lo mejor de todo es que lo demostraba día sí, día también. Su pericia con el balón le regaló a los a los aficionados de “The Saints” tardes que quizás nunca se repitan.

Las temporadas seguían y pese a lloverle las ofertas de los mejores clubes del Inglaterra, Le Tiss se mantenía fiel, dejaba de lado llenarse los bolsillos, él quería ser feliz. En los Saints lo era y eso era suficiente para él. En la temporada 94/95 The Dell asistió a noches mágicas de la mano de Le Tissier, que seguía marcando goles de todos los colores, tenía algo diferente y se notaba, no sólo a la hora de jugar, sino también por su forma de vida. Gracias a los buenos partidos del equipo comandado por Le Tissier, el Southampton llegó muy cómodo a la recta final de temporada, la cual finalizó en décima posición.
Aunque la temporada anterior fue buena, hubo un cambio en el banquillo del equipo, pero fue para peor. El equipo tuvo que jugarse el descenso en la última jornada de liga. Por suerte allí estaba Le Tissier, que una vez más ayudó en la recta final a la salvación en el último momento. La siguiente temporada fue un espejo de la anterior, pese a anotar trece tantos, Los Saints se tuvieron que jugar la permanencia en las últimas jornadas de liga. Quizás la gente no pueda entender, como un jugador de la clase y el nivel de Matt Le Tissier nunca abandonara el Southampton pese a tener a toda Europa detrás. Él decía: “Es fácil jugar en el Manchester United o en el Liverpool. Yo prefiero jugar al borde del abismo, con presión, evitando que un equipo baje a segunda”. Y agregaba: “Dicen que soy un romántico, pero los que dicen eso no ven la cara de los niños de esta ciudad, que son felices cuando me piden autógrafos”.
Todo parece una historia de rosas, pero Le God tiene una mancha en su extraordinario expediente. Nunca puedo triunfar en la selección inglesa. No fue hasta que tenía 25 años cuando el seleccionador Terry Venables le probó en un amistoso frente a Dinamarca. Inglaterra se había quedado fuera del mundial de Estados Unidos de 1994, lo que sumado a que se buscaba un cambio generacional, no ayudó nada a Le Tissier, que se quedó fuera de la Eurocopa que celebró Inglaterra dos años después. Tras un cambio de entrenador, Le Tissier esperaba poder ayudar a la selección en el mundial de Francia 98. De nuevo, tras jugar varios partidos de clasificación, sé quedó fuera del equipo final. Inglaterra perdió en penaltis contra Argentina tras empatar a dos. Más de uno se preguntará qué hubiera pasado si sobre el campo hubiera estado Le Tissier, que anotó la increíble cifra de 48 de 49 penaltis que lanzó en toda su carrera. Nunca volvería a vestir la camiseta de la selección.
Después de la temporada 97/98 en la cual anotó 14 goles y mantuvo al Southampton en la media tabla, empezó su declive debido a las lesiones y que poco a poco su físico, que nunca había sido su gran virtud, se venía a menos. Sus dos siguientes temporadas no fueron lo que la gente estaba acostumbrada. En la temporada 98/99 marcó siete goles, y en la siguiente apenas pudo disputar 18 partidos de liga debido a las lesiones que le estaban lastrando.

Cambiamos de siglo y quizás llegaba una de las noticias más duras para los aficionados de la portuaria ciudad de Southampton. Era la última temporada que se jugaría en el mítico estadio de The Dell. El equipo cambiaba de hogar a otro a priori mejor. Era la última temporada y The Saints habían conseguido la permanencia de manera holgada. Como si el destino lo supiera, esta última temporada en The Dell, le tenía preparado algo mágico al dios terrenal de aquella ciudad. En el último partido que se disputó en el estadio, el equipo rojiblanco empataba a dos contra el todopoderoso Arsenal de Arsène Wenger. Cuando quedaba media hora, Le God salía al campo. Y, como dios que era, iba a realizar su último milagro en el estadio que le había dado tanto años atrás. Apenas quedaba un minuto para el final del partido cuando Le Tiss anotó el gol de la victoria con una hermosa volea que se coló al fondo de la red. Este fue el último gol en The Dell y en la carrera de Matthew Le Tissier, que apenas jugó en la temporada 2001/2002. Colgó las botas con 33 años.
“Si la vida son dos ratos, vamos a divertirnos”. Esta fue una de las frases más famosas de Le Tissier. Y es que encaja perfectamente con su filosofía de vida. Renunció al dinero, al éxito internacional y nacional, pero lo hizo porque así lo sentía. Él quería divertirse y hacer feliz a la gente que había estado con él desde que debutó en el club. Dios existe y quien no lo crea sólo tiene que recurrir a Le Tissier para que le guíe en el camino.
