La crisis sanitaria del COVID-19 afecta a todos lo estamentos de la sociedad. Esta pandemia ha dejado de ser sólo un problema de salud pública para mostrar los conatos de una recesión económica futura a la que la sociedad está irremediablemente abocada. No hacía falta ser un lince para vislumbrar las consecuencias económicas de la extraordinaria situación que estamos viviendo. Sin embargo, resulta cuanto menos inquietante que uno de los sectores que más dinero genera y moviliza como el deporte, también sufre sin paliativos ese desgaste económico. No es el simple hecho de que la crisis afecte al deporte lo que resulta llamativo, si no que cuando apenas llevamos dos semanas de parón obligado las entidades ya han entrado en psicosis viendo lo que se puede avecinar.
Especialmente preocupante es el caso del fútbol. Es, sin duda, el deporte rey en Europa y cada año los clubes mueven miles de millones de euros y algunos de ellos ingresan cifras verdaderamente mareantes. La irrupción de nuevos mercados como el asiático ha supuesto una nueva inyección financiera para los grandes clubes europeos. Este hecho supuso una inflación del mercado hasta ahora nunca vista que ha hecho que las cifras en términos de traspasos alcancen cotas inauditas. Es por esto que resulta más impactante la actual situación del mundo del fútbol en la que los grandes clubes están pasando grandes apuros económicos pese a manejar más dinero que nunca. Nadie se podía imaginar que el coronavirus se iba a convertir en una pandemia mundial que paralizaría a tantos países y a tantas economías, pero esta situación ha dejado patente el alto nivel de endeudamiento de los clubes que, con tan solo dos semanas de forzada inactividad, ya han puesto en marcha los famosos ERTE y algunos han reducido significativamente el salario de sus jugadores y sus empleados.
Esta crisis global puede servir como aviso al mundo del fútbol y del deporte en general, que han construido proyectos multimillonarios que comprometen la viabilidad económica de la entidad y que las hacen especialmente vulnerables cuando ocurre cualquier tipo de imprevisto. La negligencia en la planificación económica puede resultar fatal para la vida de un club endeudado y cuyos principales ingresos están supeditados a diferentes variables como los derechos televisivos o la venta de entradas. En el veneno habita la vacuna, y esta situación puede servir como una autocrítica para los clubes y quizá debieran preguntarse si tendrían que mirar por la viabilidad futura de la entidad construyendo un proyecto económico más solido y fiable, aunque para ello tengan que renunciar a grandes jugadores que, ya sea por precio de mercado o salario, comprometerían la autosuficiencia del club.
