FIBA y Euroliga y el despotismo institucional

La competencia en cualquier ámbito de la vida, y más en los tiempos que corren, es feroz. Todo el mundo quiere ser el mejor, destacarse sobre el resto y erigirse como un ejemplo de triunfador para los demás. A partir de esta premisa la sociedad actual bifurca el camino hacia el éxito en dos vías diferentes: uno más largo y escabroso en el que el ideal de alcanzar la gloria no pasa por pisar a los demás competidores con el mismo objetivo y que pretende acotar el sentido común a la ética personal; y otro más corto y aparentemente fácil en el que la ética pasa a segundo o tercer plano y en la que hay que llegar a la meta establecida a toda costa. Esto es perfectamente extrapolable al ámbito deportivo, no sólo a deportistas, sino a las instituciones y organizaciones que manejan los hilos de las competiciones. Y como en la vida, cuando dos personas, o instituciones en este caso, que han elegido el segundo camino chocan en la búsqueda por alcanzar el mismo objetivo la colisión deja bastantes damnificados.

Sebas Sáiz en la ventanas FIBA contra Rumanía
Sebas Sáiz en el encuentro contra Rumanía (Fuente: Twitter) https://twitter.com/BaloncestoESP/status/1230563015168159749/photo/1

Este es el panorama que impera actualmente en el baloncesto europeo. Dos instituciones cuyos despóticos intereses y egos les ha sumido en una absurda guerra institucional en la que el baloncesto es el mayor perjudicado. Ambas organizaciones opositan para convertirse en la mejor competición del mundo del baloncesto, exceptuando obviamente a la NBA, haciendo oídos sordos a un baloncesto que reclama desesperadamente una tregua por ambas partes. Este conflicto provocó una importante hemorragia en el pasado Mundial celebrado en China. El caso más flagrante fue el de Eslovenia, vigente campeona de Europa, que quedó fuera de la cita mundialista debido a que no se consiguió clasificar vía ventanas FIBA. Esta ausencia supuso un punto de inflexión para el gran público que vio como no iba a poder disfrutar de una de las grandes estrellas emergentes del baloncesto mundial como Luka Doncic o de grandes jugadores del viejo continente como Anthony Randolph, Klemen Prepelic o Jaka Blazic. Otras selecciones que se quedaron fuera por el conflicto de las ventanas fueron la Letonia de Kristaps Porzingis y Croacia, un habitual en las competiciones internacionales.

Llegados a este punto es inevitable preguntarse si estas competiciones que tanto bien han hecho por el baloncesto no supondrán el ocaso del mismo debido a unas organizaciones sin escrúpulos hambrientas de dinero, reputación y vanidad. El deporte ha dejado de serlo y ha dado paso a una estúpida consecución de intrigas políticas que lo utilizan como excusa para anteponer su modelo de negocios deportivos en el que ni el baloncesto ni los aficionados tienen voz y voto. Se trata de un conflicto con muchas aristas, pocas de ellas relacionadas con lo meramente deportivo, y dos feroces competidores que serían capaces de arrasarlo todo con tal de imponer su idea sin darse cuenta de que cuando uno de los dos salga vencedor, el baloncesto europeo puede que sea ya un simple moribundo que espera el último estertor recordando lo que un día fue.

Publicado por Fameros

Somos un grupo de alumnos de 3º de Periodismo que llevamos a cabo esta página web dedicada a noticias relacionadas con el mundo del deporte.

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