La mañana del 22 de junio de 2011 no fue una mañana cualquiera en la sección de baloncesto del Real Madrid. Y es que esa mañana, aunque en ese momento nadie podía llegar a vislumbrar la magnitud de lo acontecido, la historia reciente de uno de los mejores clubs de Europa dio un giro de 180 grados.
La temporada 2010/2011 comenzó con Ettore Messina en el banquillo blanco; sin embargo, la irregularidad del equipo y la poca sintonía con el club y afición propició que fuese cesado en marzo, a mitad de temporada y dejando al equipo en cuadro en el tramo más importante de la misma. Fue Emanuel Molin, hasta entonces segundo de Messina, quien tomó las riendas del equipo llegando a semifinales de la liga ACB y cayendo en el primer partido de la ‘Final Four’ de Turín. La situación del club era insostenible y la crisis institucional, que se agravaba por momentos, se había llevado por delante a 7 entrenadores en menos de 10 años. En este momento, y con un panorama que no invitaba para nada al optimismo, el Real Madrid ficha a Pablo Laso.
Fue un fichaje realmente polémico, ya que la afición, cansada de una sección histórica que iba a la deriva sin rumbo fijo, pedía a gritos un entrenador de renombre que revitalizara al equipo y a una sección abocada al desastre. Si la situación era crítica para el club, no lo era menos para Laso. Antes de llegar a la entidad madridista dirigió en ACB al Pamesa Valencia durante seis meses, un matrimonio que desde el primer momento tenía los ojos puestos en el divorcio, y al Lagun Aro GBC entre 2007 y 2011, que consiguió ascender de LEB oro. Entrenador joven e inexperto, e incluso de perfil bajo para algunos, se enfrentaba a la gran oportunidad para despegar en su carrera o al abismo que tantos entrenadores y tantas carreras ha desahuciado ya. Era un todo o nada. Gloria u olvido.
Con esta complicada tesitura dio comienzo la temporada 2011/2012, la primera de Pablo Laso en el banquillo madridista. Las expectativas de esta temporada no eran mayores que recuperar la dignidad de un club en sus horas más bajas, misiva que antes del comienzo de ésta parecía improbable para gran parte de la afición. Sin embargo, el cambio de mentalidad y de juego quedó patente a los pocos partidos estando al frente del equipo. La ilusión pronto empezó a calar entre los madridistas, fruto de los brotes verdes en el juego del equipo y en la consecución de buenos resultados. Con un panorama mucho más optimista que al comienzo de la campaña, llegó la Copa del Rey de 2012 celebrada en Barcelona. Tras eliminar al Fuenlabrada y al Banca Cívica Sevilla, el Real Madrid de Laso se plantó en la final de una competición que no ganaba desde hacía 19 años. El destino, caprichoso en muchas ocasiones, quiso que esa final, la primera de Laso, fuese ante el Barcelona en el Palau Sant Jordi. El Real Madrid ganó el partido con una exuberancia ofensiva casi insultante para todo un campeón como lo era el FC Barcelona Regal. Cierto es que la Copa es una competición a un único partido y de la que sacar conclusiones precipitadas es un verdadero riesgo, pero esa noche en la ciudad de Barcelona algo cambió, el gigante dormido comenzaba a despertar. Sin embargo, la alegría de la victoria en la Copa del Rey se vio truncada la noche del 1 de marzo en la que, pese a ganar al Montepaschi Siena, quedó eliminado de la Euroliga tras la victoria del Gescrap Bilbao Basket en Málaga ante el Unicaja.

Pasaron las semanas y la eliminación en Euroliga hizo mella en un sector de la afición, que volvió a poner en duda la figura de Pablo Laso. Por suerte estas dudas no permearon al equipo, que acabo la temporada regular de la ACB en segunda posición, tras el todopoderoso Barça. Las buenas sensaciones se cristalizaron durante los Playoffs eliminando en cuartos de final al Banca Cívica Sevilla. En semifinales se enfrentaron al Caja Laboral Baskonia, que previamente había eliminado al Bilbao Basket. La eliminatoria fue feroz y acabó decidiéndose en un disputadísimo quinto partido que terminaría llevándose el conjunto madridista. El Real Madrid se plantó así en su primer final de la ACB desde 2005. El rival, otro de los caprichos del destino, fue el Barça de Xavi Pascual. Sin embargo, en esta ocasión la fortuna estuvo del lado de la lógica y el Barça acabó llevándose una eliminatoria en la que el Real Madrid dio la talla y acabó forzando el quinto partido. A pesar de perder la final y de las voces críticas de parte de la afición, el Real Madrid decidió mantener a Laso en su puesto y optar por una política continuista respecto al estilo de juego que proponía el técnico vitoriano. La impronta que empezó a forjar Laso va más allá de los resultados.
Se trata de un estilo de juego propio, una visión particular de ver el baloncesto a través de un juego rápido y vistoso del que el Real Madrid ha hecho su seña de identidad. El Real Madrid decidió tener paciencia con un técnico que llegó de tapadillo, sin complejos a la hora mostrar sus cartas. El resto, como se dice, es historia.
